martes, 4 de septiembre de 2012

CREER ES TAMBIEN PENSAR, John Stott


CREER ES TAMBIEN PENSAR
JOHN STOTT



Muchos cristianos tienen celo sin conocimiento, entusiasmo sin esclarecimiento. En otras palabras, son inteligentes, pero les falta orientación. “La entrega sin reflexión es fanatismo en acción, pero la reflexión sin entrega es la parálisis de toda acción”.

Grupos de cristianos pentecostales hacen de la experiencia el principal criterio de la verdad. Eso equivale a poner nuestra experiencia subjetiva por encima de la verdad de Dios revelada. Dios ciertamente humilla el orgullo de los hombres, pero no desprecia la mente que él propio creó.

Todas estas son  válvulas de escape para huir a la responsabilidad, dada por Dios, del uso cristiano de nuestras mentes. En un enfoque negativo, “la miseria y la amenaza del cristianismo de mente vacía”.



Todo movimiento de poder tuvo su filosofía que se apoderó de la mente, inflamó la imaginación y capacitó la devoción de sus seguidores. Predicamos “conquistar” el mundo para Cristo. Pero que especie de conquista tenemos en mente? Ciertamente que no una victoria basada en la fuerza de las armas. Esta es una batalla de ideas, la verdad de Dios venciendo las mentiras de los hombres.



Dios hizo el hombre a su propia imagen, y uno de los aspectos más nobles de la semejanza de Dios en el hombre es la capacidad de pensar. Solamente el hombre tiene lo que la Biblia llama “comprensión”.

Los hombres, que dejen de actuar racionalmente, procediendo por instinto a la semejanza de los animales, están contradiciéndose, contradiciendo su creación y su diferenciación como seres humanos, y deben Tener vergüenza de sí mismos.

Jesús acusó las multitudes descreídas, inclusive los fariseos y saduceos, por que puedan interpretar las condiciones meteorológicas y que prevean el tiempo, pero que no pudieran interpretar “las señales de los tiempos” ni que prevean el juicio de Dios. Les preguntó, En otras palabras: ¿por qué no usáis vuestros cerebros?



De la creación a la revelación demuestran la importancia de nuestras mentes. Pues toda la revelación de Dios es racional. Dios habla a los hombres a través del universo que creó, Aunque sea una proclamación sin palabras, una voz sin sonido, aun así resulta que todo hombre tiene algún “conocimiento de Dios”.

Está presuposición ahí que el hombre tiene capacidad para leer lo que Dios escribió en el universo, y eso es extremadamente importante.

Si hay una religión en este mundo que dé relevancia a la enseñanza, es bien segura tal religión es de Jesucristo.

Es precisamente en esto que el cristianismo se diferencia de las demasiadas religiones: él tiene doctrina.  Dios se reveló por intermedio de palabras a las mentes humanas. Su revelación es una revelación racional la criaturas racionales. El mero hecho de que se reveló, por medio de palabras, nos muestra que nuestras mentes son capacitadas para la comprensión.



La redención trae consigo la reconstitución de la imagen divina en el hombre, la cual fuera distorsionada en la Caída.

Una “mente cristiana”, es “una mente entrenada, informada, equipada para manosear los datos de una controversia secular dentro de un cuadro de referencia constituido por presuposiciones cristianas”. Pero, hoy día parece no existir pensadores cristianos con una mente cristiana. Por el contrario”: “La mente cristiana se ha dejado secularizar”.



Que Dios nos juzgará por nuestro conocimiento y por nuestra actitud en respuesta (o por la falta de esta) a la su revelación.

Dios nos constituyó como seres que piensan; Él nos trató como tales, comunicándose con nosotros con palabras; él nos renovó en Cristo y nos dio la mente de Cristo; y nos considerará responsables por el conocimiento que tenemos.

No buscaremos entender sus palabras? Dios renovó nuestra mente por intermedio de Cristo; no haremos uso de ella? Dios nos juzgará por su Palabra.  La repetición de los términos conocimiento, sabiduría, percepción y comprensión es realmente impresionante.



Solamente cuando de nuevo oímos sobre lo que Dios ya hizo nos encontramos en condiciones de retribuirle con nuestra adoración y nuestro culto. Es también por este motivo que la lectura y la meditación de la Biblia son una parte muy importante en la devoción personal del cristiano.
           
Todo culto cristiano, sea él público o personal, debe ser una respuesta inteligente a la auto-revelación de Dios por sus palabras, y sus obras registradas en las Escrituras.



La fe y la visión son puestas en oposición, una a la otra, en las Escrituras, pero nunca la fe y la razón.

Por el contrario, la fe verdadera es esencialmente racional, porque se basa en el carácter y en las promesas de Dios. El creyente en Cristo es alguien cuya mente medita y se afirma en esas certezas.



No basta que sepamos lo que deberíamos ser, sin embargo, tenemos que ir más además, resolviendo, en nuestras mentes, a alcanzarla. La batalla es casi siempre gana en la mente. Es por la renovación de nuestra mente que nuestro carácter y comportamiento se transforman.

El autocontrol es, antes de todo, el control de la mente. Lo que sembramos en nuestras mentes, cosechamos en nuestras acciones.



Hay solamente una respuesta posible: usando la mente y el sentido común que Dios le dio. Usted ciertamente orará pidiendo la dirección de Dios. Y si usted fuera sabio, pedirá el consejo de sus padres y de otras personas más viejas que lo conocen bien. Pero la decisión final es suya, en la confianza de que Dios lo guiará en su propio raciocinio.

Es, pues, por el uso de nuestra propia comprensión, iluminados por la Escritura y por la oración, recibiendo el conocimiento de amigos, que Dios nos guiará para que conozcamos su voluntad particular para nosotros.



Dos razones del Nuevo Testamento para una proclamación del evangelio, que haga uso de la mente:

1.     La primera es quitada del ejemplo de los apóstoles. Pablo resumió su propio ministerio evangelístico con las simples palabras “persuadimos a los hombres”. Pues bien, la persuasión es un ejercicio intelectual. “Persuadir” es disponer argumentos de forma a prevalecer sobre las personas, haciéndolas cambiar de idea con respecto a alguna cosa.

2.     La Segunda evidencia que el Nuevo Testamento nos da de que la evangelización debe ser una proclamación de la buena nueva haciendo uso del raciocinio es que la conversión, no pocas veces, es descrita en términos de la respuesta de alguien, pero a la verdad, Hacerse cristiano es “creer en la verdad”, “obedecer a la verdad”, “reconocer la verdad”.



Las cualificaciones para el ministerio son consistentes con su naturaleza. Todo candidato al ministerio pastoral o al presbiterato debe poseer tanto la fe bíblica como el Don de enseñarla.

1.     Debe ser ortodoxo. “Encariñado a la palabra fiel que es según la doctrina (literalmente: según el didache, o la enseñanza de los apóstoles), de modo que haya que pueda así para exhortar por la recta enseñanza como para convencer los que contradicen”.

2.     Debe ser aún “apto para enseñar”. Esta son dos cualificaciones que le son indispensables.

3.     Debe ser fiel a la didache y ser didaktikos, un profesor que sabe transmitir y que tiene la recta enseñanza.

Eso lo obligará a estudiar, tanto en su preparación al ministerio como durante su ejercicio.



Dios no pretende que el conocimiento sea un fin en sí aún, pero sí que sea un medio para alcanzarse algún fin.

El conocimiento trae consigo la solemne responsabilidad de que apliquemos ese conocimiento que tenemos, o sea, que actuemos de forma que le sea compatible.

1.     EL CONOCIMIENTO DEBE CONDUCIR A LA ADORACIÓN.
Nuestro verdadero conocimiento de Dios no será nos empavonarnos, llenos de orgullo por la sabiduría que tenemos, pero que sí nos sometiéramos a Él con llena admiración.

Siempre que nuestro conocimiento se hace árido o acaba con nuestro entusiasmo y nos deja fríos, alguna cosa de errado aconteció. Pues toda vez que Cristo nos expone las Escrituras y de él recibimos alguna enseñanza, nos debe arder el corazón. Mientras más conocemos Dios, más debemos amarlo.

2.     EL CONOCIMIENTO DEBE CONDUCIR A LA FE.
Es precisamente nuestro conocimiento de la naturaleza y del carácter de Dios que suscita nuestra fe. Pero se es que no podemos creer sin conocimiento, tampoco debemos conocer sin creer. Es decir: nuestra fe tiene que apoderarse de toda la verdad que nos sea revelada por Dios. En la verdad, el mensaje de Dios no trae beneficio alguno, la menos que encuentre fe en las personas que la oyen.

3.     EL CONOCIMIENTO DEBE CONDUCIR A LA SANTIDAD
Pero ahora tenemos que ver cómo cada vez más se hace mayor nuestra responsabilidad de poner nuestro conocimiento en práctica, a medida que él se amplía.

4.     EL CONOCIMIENTO DEBE CONDUCIR AL AMOR.
Mientras más sabemos, más debemos compartir que sabemos con los otros y usar nuestro conocimiento en servicio a ellos, sea en la evangelización, sea en el ministerio.

El conocimiento es indispensable a la vida y al servicio cristiano. Si no usamos la mente que Dios nos dio, nos condenamos a la superficialidad espiritual, impedido-nos de alcanzar muchas de las riquezas de la gracia de Dios.

No es de menos conocimiento que necesitamos, pero sí de más conocimiento, desde que lo apliquemos en nuestra vida.

La pregunta de cómo tal conocimiento puede ser obtenido, la mejor respuesta: “Para la obtención y conocimiento divino, la orientación que tenemos es a de combinar una dependencia del Espíritu de Dios con nuestras propias investigaciones. Que no nos atrevamos a separar entonces lo que Dios unió”.

Hijo mío, si aceptaras mis palabras, y que escondas contigo mis mandamientos, para que hagas atento a la sabiduría tu oído, y para que inclines tu corazón a la comprensión; y que si clamas por inteligencia, y por comprensión alza tu voz; si recogieras la sabiduría como la plata, y con a tesoros escondidos a que busques; entonces entenderás el temor del Señor, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque el Señor da la sabiduría, de su boca viene la inteligencia y la comprensión.







No hay comentarios:

Publicar un comentario