miércoles, 8 de agosto de 2012

A SOLAS CON DIOS, John MacArthur


A SOLAS CON DIOS
JOHN MACARTHUR


 “No hay ejercicio espiritual que sea tal mezcla de complejidad y simpleza. Es la forma más sencilla de hablar que los labios de un bebé pueden emitir, pero es el esfuerzo más sublime que llega al Majestuoso en los cielos. Es tan apropiado para el antiguo filósofo como para el niño más pequeño. Es la exclamación de un momento y la actitud de toda una vida. Es la expresión del resto de la fe y de la lucha de la misma fe. Es una agonía y un éxtasis. Es sumiso y sin embargo insistente. En un momento se aferra a Dios y ata al diablo. Se puede enfocar en un solo objetivo y puede deambular por todo el mundo. Puede ser una vil confesión y una absorta adoración. Inviste al hombre insignificante con una especie de omnipotencia”.
J. Oswald Sanders

Muchos creyentes tienen problemas con esta actitud hacia la oración. Debido a que la comunión con Dios es tan vital y la oración tan efectiva para el cumplimiento del plan de Dios, el enemigo intenta constantemente introducir errores en nuestro entendimiento y compromiso con la oración.

Para muchos, la oración ha sido reemplazada con la acción pragmática. La función anula la comunión con Dios; los ajetreos desplazan la comunicación. Para otros, la oración carece de admiración y respeto. Sus esfuerzos son superficiales, irrespetuosos e irreverentes. Luego están aquellos que creen que la oración se diseñó para exigir y reclamar a Dios. Ellos intentan forzarlo a que haga lo que creen que él debería hacer por ellos. Finalmente, para otros la oración no es nada más que un rito.

Usted puede que considere a la oración con el mayor respeto posible, pero se da cuenta de que su propia práctica carece de propósito y vitalidad, así que no pasa tiempo con Dios como sabe que debería hacerlo.

Martyn Lloyd-Ioncs escribe:
Es la actividad más sublime del alma humana, y por lo tanto es al mismo tiempo la prueba máxima de la verdadera condición espiritual del hombre. No hay nada que diga tanto la verdad sobre nosotros como cristianos que nuestra vida de oración... En última instancia, por lo tanto, el hombre descubre la condición real de su vida espiritual cuando se examina en privado, cuando está a solas con Dios... ¿Y no sabemos todos lo que es descubrir que, de algún modo, tenemos menos que decirle a Dios cuando estamos solos que cuando estamos en la presencia de los demás? No debería ser así; pero lo es a menudo. Así que cuando dejamos la esfera de las actividades o tratos externos con otras personas, y estamos a solas con Dios, es que realmente sabemos dónde nos encontramos en el sentido espiritual'.

Debido a que para varios de nosotros, la sociedad es libre y próspera, es más fácil que los cristianos se sientan seguros presumiendo de la gracia de Dios que dependiendo de ella.

Al haberse vuelto tan dependiente de sus recursos físicos, sienten poca necesidad de los recursos espirituales. Cuando los programas, métodos y dinero producen resultados impresionantes, hay una inclinación a confundir el éxito humano con la bendición divina.

Antes del día de Pentecostés, los 120 discípulos se reunieron en el aposento alto y "perseveraban unánimes en oración" (Hch. 1:14). Esto no cambió incluso cuando 3.000 fueron añadidos a la comunidad en el día de Pentecostés (2:42).

“El alma no siempre debe estar ejercitando la oración, pero siempre funcionando en la energía de la oración; no siempre en realidad orando, pero siempre orando intencionalmente'.”
Charles Spurgeon

ORAD SIN CESAR
Obedecer esta exhortación significa que, cuando somos tentados, presentamos la tentación a Dios y pedimos su ayuda. Cuando experimentamos algo bueno y hermoso, inmediatamente le agradecemos al Señor por ello. Cuando vemos el mal alrededor nuestro, le pedimos a Dios que lo conduzca y que nos permita ayudar a lograrlo, si así él lo desea. Cuando nos encontramos con alguien que no conoce a Cristo, oramos para que Dios acerque a esa persona hacia él y nos use para ser un fiel testigo. Cuando encontramos problemas, nos volvemos a Dios como nuestro Libertador. De este modo, la vida se convierte en una oración continuamente ascendente: Todos los pensamientos, obras y circunstancias de la vida se convierten en una oportunidad para tener comunión con nuestro Padre celestial. Así ponemos nuestras mentes "en las cosas de arriba, no en las de la tierra" (Col. 3:2).

LA POSTURA
Orar todo el tiempo necesita que se esté en varias posiciones porque usted nunca va a estar en la misma posición todo el día. En la Biblia, la gente oraba
De pie (1 Re. 8:22),
Levantando las manos (1 Tim. 2:8),
Sentados (2 Sam. 7:18),
De rodillas (Mr. 1:40),
Mirando hacia arriba (Jn 17:1),
Inclinados (Éx. 34:8),
Poniendo la cabeza entre las rodillas (1 Re. 18:42),
Golpeándose el pecho (Lc. 18:13), y
En dirección a Jerusalén (Dn. 6:10).

LAS CIRCUNSTANCIAS
Mientras que algunas personas piensan que la oración debería ser muy formal, la Biblia documenta que la gente oraba en muchas y diversas circunstancias, así como con diferentes expresiones. Oraban con
Ropa de aflicción (Sal. 35:13),
Sentados en cenizas (Job 1:20, 21),
Golpeándose el pecho (Lc. 18:13),
Llorando (Sal. 6:6),
Echando polvo sobre sus cabezas (Jos. 7:6),
Rasgando sus vestiduras (Esd. 9:5),
Ayunando (Deut. 9:18), gimiendo (Sal. 6:4-6),
Con fuerte clamor y lágrimas (He. 5:7),
Como sudando sangre (Lc. 22:44),
Quebrantados de corazón (Sal. 34:18),
Haciendo sacrificios (Sal. 20:1-3) y
Cantando himnos (Hch. 16:25).

EL LUGAR
La Biblia también registra a gente orando en toda clase de lugares:
En la batalla (2 Cr. 13:14, 15),
En una cueva (1 Re.]9:9,10),
En una habitación (Mt. 6:6),
En un huerto (Mt. 26:36-44),
En un monte (Lc. 6:12),
Junto a un río (Hch. 16:13),
En la playa (Hch. 21:5, 6),
En la calle (Mt. 6:5),
En el templo (l Re. 8:22-53),
En la cama (Sal. 4:3,4),
En una casa (Hch. 9:39,40),
En el vientre de un pez (Jn. 2:1-10),
En una azotea (Hch. 10:9),
En una cárcel (Hch. 16:23-26),
En el desierto (Lc. 5:16) y
En una cruz (Lc. 23:33, 34,46).

En 1 Timoteo 2:8, Pablo dijo: "Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar. .. ". Para el cristiano fiel y lleno del Espíritu, cualquier lugar se convierte en un lugar de oración.

EL TIEMPO
Las Escrituras que mostraban a gente orando
Tres veces al día (Dn. 6:10),
En la noche (Mr. 1:35),
Antes de las comidas (Mt. 14:19),
En la novena hora o sea las 3:00 p.m. (Hch. 3:1),
A la hora de dormir (Sal. 4:4),
A la medianoche (Hch. 16:25),
Día y noche (Lc. 2:37; 18:7),
A menudo (Lc. 5:33),
En la juventud (Jer. 3:4),
En la vejez (Dn. 9:2-19),
Cuando están en problemas (2 Re. 19:3,4),
Todos los días (Sal. 86:3)
Siempre (Lc. 18:1; 1 Ts. 5:17).

La oración es apropiada en cualquier momento, cualquier postura, cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia y con cualquier atuendo. Debe ser una manera de vivir completa, una comunión abierta y continua con Dios. Después de acoger todos los infinitos recursos que son suyos en Cristo, jamás crea que ya no depende del poder de Dios minuto a minuto.

VIGILANCIA
Jesús les pidió a Pedro, Jacobo y Juan que vigilaran mientras él oraba (Mt. 26:38). Él regresó poco después y los halló durmiendo, así que le dijo a Pedro: "¿Así que no habéis podido velar ni una sola hora conmigo? Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu, a la verdad, está dispuesto; pero la carne es débil" (v. 40, 41).

Obviamente, Pedro aprendió esta profunda verdad del hecho de no permanecer despierto, ya que escribió en su primera epístola: "Sed, pues, prudentes v sobrios en la oración" (1 Pe. 4:7).

ESPECIFICAMENTE
"Y todo lo que pidáis en mi nombre, eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís alguna cosa en mi nombre, yo la haré" (Jn 14:13, 14). Aquellos creyentes que buscan constantemente al Señor tienen preocupaciones específicas; si usted no está alerta a los problemas y necesidades específicos de otros creyentes, no podrá orar por ellos específicamente y de todo corazón.

La sensibilidad a los problemas y necesidades de los demás, incluyendo otros creyentes que están pasando por pruebas y dificultades, nos llevará a orar por ellos "de noche y de día" como Pablo lo hizo por Timoteo (2 Tim. 1:3).

LA ORACION EN LAS PARABOLAS
Estas parábolas exponen los argumentos a favor del valor de la oración persistente.
Les dijo también: - Supongamos que uno de vosotros tiene un amigo y va a él a la medianoche y le dice: "Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado a mí un amigo de viaje, y no tengo nada que poner delante de él". Le responderá aquel desde adentro: "No me molestes; ya está cerrada la puerta, y mis niños están conmigo en la cama; no puedo levantarme para dártelos" Os digo que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, ciertamente por la insistencia de aquel se levantará y le dará todo lo que necesite. y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá, Porque todo aquel que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abrirá" (Lc. 11:5-10).

Les refirió también una parábola acerca de la necesidad de orar siempre y no desmayar.   
Les dijo: "En cierta ciudad había un juez que ni temía a Dios ni respetaba al hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él diciendo: 'Hazme justicia contra mi adversario'. Él no quiso por algún tiempo, pero después se dijo a sí mismo: 'Aunque ni temo a Dios ni respeto al hombre, le haré justicia a esta viuda, porque no me deja de molestar; para que no venga continuamente a cansarme". Entonces dijo el Señor: "Oíd lo que dice el juez injusto. Y Dios no hará justicia a sus escogidos que claman a él de día y de noche: ¿Les hará esperar? Os digo que los defenderá pronto ... " (Lc. 18:1-8).

“Hermanos, ¡cuántas veces le pedimos a Dios, y no recibimos porque no esperamos lo suficiente en la puerta: Tocamos una o dos veces la puerta de la misericordia, y como no abre la puerta un mensajero amistoso, nos vamos por nuestro lado. Demasiadas oraciones son como los golpes desenfrenados que dan los niños en las puertas y luego cuando se abre la puerta, el niño ya se ha ido. Oh, por gracia permanezca cara a cara con el ángel de Dios, y nunca, nunca, nunca, suelte el agarre; sintiendo que la causa que abogamos es una en la cual debemos tener éxito puesto que almas dependen de ello, la gloria de Dios está conectada a ello, la condición de nuestro prójimo está en peligro. Si pudiéramos entregar en oración nuestra propia vida y las de aquellos que más queremos, lo haríamos; sin embargo no podemos entregar las almas de los hombres, debemos instar y rogar una y otra vez hasta obtener la respuesta”.
Charles Spurgeon

No se nos escucha por las muchas palabras que usamos, sino por el gemir de nuestros corazones. El hombre que fue donde su amigo para pedirle pan no recitó una petición preestablecida, él rogó por lo que necesitaba. Lo mismo es cierto acerca de la viuda, ella clamó por protección al que tenía el poder para contestar su pedido. La oración persistente y continua que sale de lo más profundo de su ser es lo que mueve el corazón de nuestro compasivo y amoroso Dios.

ORACION EN EL ESPIRITU
Orar en el Espíritu es orar en el nombre de Cristo, esto es, orar de acuerdo a su naturaleza y voluntad. Orar en el Espíritu es orar en completo acuerdo con el Espíritu, quien "nos ayuda en nuestras debilidades; porque cómo debiéramos orar, no lo sabemos; pero el Espíritu mismo intercede con gemidos indecibles [palabras verdaderas que no son pronunciadas, no expresiones pronunciadas que no son palabras]. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el intento del Espíritu, porque él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios" (Ro. 8:26,27).

Cuando oramos en el Espíritu, alineamos nuestra mente y deseos con su mente y deseos, los cuales concuerdan con la voluntad del Padre y del Hijo.  ¿Cómo hacernos que nuestras oraciones estén de acuerdo con el Espíritu? Caminando en la llenura del Espíritu. A medida que su vida se llene con el Espíritu (Ef. 5: 18) Y camine en obediencia a él, él gobernará sus pensamientos para que sus oraciones estén en armonía con las de él. A medida que se somete al Espíritu Santo, obedece su Palabra y depende de su guía y fortaleza, usted será atraído a tener una comunión cercana y profunda con el Padre y el Hijo.

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